La mitad de los médicos de EEUU receta placebos de manera habitual

26 10 2008

LA MAYORÍA CREE QUE ES ÉTICAMENTE ACEPTABLE

 

Según una encuesta reciente elaborada por la Asociación Médica de Estados Unidos, la mitad de los médicos de este pais receta habitualmente placebos –sustancias inocuas-. El secreto de estos remedios es que el enfermo crea que está tomando algo con utilidad terapéutica comprobada, es decir, engañarles. ¿Es ética esta práctica o, por el contrario, viola los derechos del paciente? La conclusión, de momento, es que hacen falta más estudios.

El placebo es tan antiguo como el hombre. Los códices médicos de la antigüedad recogen miles de sustancias con las que se trataba infinidad de dolencias de las cuales, como sabemos hoy en día, muy pocas tenían un efecto real. Pero nadie prescindió de su uso, incluso hasta bien entrado el siglo XX, menos aún cuando no existía una cura para los males que aquejaban a los pacientes.

Su mecanismo de acción es sencillo: la persona que los toma, convencida de que tiene una acción curativa, se sugestiona y hace que ciertas partes de su cerebro se activen y liberen endorfinas, sustancias relacionadas con los sentimientos placenteros y la analgesia. Esto mejora la tolerancia al dolor y el estado general del enfermo.

Sus defensores arguyen que “es uno de los tratamientos disponibles más efectivos frente a algunas patologías crónicas”, mientras que sus detractores opinan que su administración, dado que lleva aparejada el engaño, “viola la autonomía del paciente y el consentimiento informado”, de acuerdo con un estudio publicado en la revista ‘British Medical Journal‘.

Las fuerzas están equilibradas, a tenor de los resultados de la citada encuesta, que también recoge este trabajo. De los 679 reumatólogos e internistas –especialidades en las que las dolencias crónicas difíciles de manejar- que tomaron parte en ella, la mitad respondió que recetaba placebos de forma regular y el 62% consideraba este hecho “éticamente aceptable”.

La explicación más frecuente que le daban a sus pacientes, dada por el 68% de los consultados, es que se trata de “una medicina que no se usa típicamente en su enfermedad pero que podría ser beneficiosa para usted“. Sólo el 5% admitía que se trataba de un placebo.

Llama la atención el cambio en el tipo de sustancias empleadas, preocupante en algunos casos, según apunta el estudio. Frente al ínfimo porcentaje que emplea las clásicas píldoras de azúcar (3%), llama la atención la prescripción de antibióticos (13%) y sedantes (13%), que pueden tener importantes consecuencias negativas para los pacientes y la salud pública. El uso de analgésicos (41%) y vitaminas (38%), dada su “relativa inocuidad”, preocupa menos a los investigadores.

“Cuando o bajo qué circunstancias recomendar o prescribir tratamientos placebo es apropiado sigue siendo una cuestión de debate ético y normativo”, concluyen. [Fuente]


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