El legado oculto de Thomas Jefferson.

31 10 2008

La hacienda de Thomas Jefferson en Monticello, Virginia, es lugar de peregrinación para estadounidenses de todas las tendencias políticas.

Thomas Jefferson (13 de abril de 1743 — 4 de julio de 1826)

Thomas Jefferson (13 de abril de 1743 — 4 de julio de 1826)

Miles de visitantes llegan aquí cada día. Desde la terraza del caserón, tienen una vista privilegiada de los prados verdes de Virginia.

 

 

 

 

Pueden quedarse horas estudiando el diminuto juego de ajedrez del ex presidente estadounidense, y sentarse allí donde el patriota trabajó, hace 200 años, acompañado de su discípulo James Madison.

En estos jardines, los dos hombres imaginaron un modelo de país que, por entonces, no era más que un sueño.

Jefferson mismo diseñó Monticello. Una casa que refleja el estilo de su dueño original: proporciones elegantes, con un techo abovedado y blanco sobre un pórtico de columnas, y ladrillos color ébano – del mismo color de la tierra de Virginia que se usó en su cocción.

Es la estética de una mente racional del siglo XVIII. Las ideas del Iluminismo, aplicadas a la arquitectura.

fue la residencia de Thomas Jefferson.

Monticello: fue la residencia de Thomas Jefferson.

Mano de obra esclava

Pero los ladrillos fueron moldeados, horneados y apilados por manos esclavas. Durante su vida, Jefferson fue dueño personal de más de 200 esclavos que trabajaban en su propiedad.

Esta realidad histórica parece alejada de la retórica del patriota.

“Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales”, dice el segundo párrafo de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos, con palabras del mismo Jefferson.

Todos los hombres, prosigue el texto, “son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables”, entre los que se cuentan “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

¿Cómo lograba reconciliar el político independentista esta declaración de derechos humanos, con la privación de la libertad asociada a la esclavitud que él mismo practicaba?

Ésta es una de las grandes contradicciones de la vida de Jefferson, de su era, y del país al que dieron forma él y otros de su generación.

Y la contradicción tiñó incluso su vida personal. La esposa del ex mandatario, Martha, falleció cuando llevaban 10 años de casados. Al momento de su muerte, en la habitación de la mujer se encontraba el esposo… y una joven esclava llamada Sally Hemings que era la medio hermana de la enferma.

La esclava amante

Sally era hija del padre de Martha y de una esclava llamada Elizabeth.

Años después de enviudar, el mismo Jefferson tuvo una relación con ella, que comenzó cuando vivían en París.

Se dice que tuvieron seis hijos.

Por entonces, los enemigos de Jefferson lo acusaron de conducta inapropiada, y trataron de usar el escándalo en su contra durante su campaña a la presidencia. Pero no funcionó. Y el político jamás aclaró el caso: ni negó ni confirmó el supuesto vínculo con la media hermana esclava de su difunta esposa.

Por dos siglos, los académicos especializados en la vida de Jefferson desestimaron la “Cuestión Sally”, por considerar poco probable que se diera tal relación.

El Jefferson que los estadounidenses elevaron a su panteón de mitos nacionales, el que está esculpido en el Monte Rushmore, no podría jamás haber tenido tal vínculo.

Leslie CloseNuevas evidencias

Recientemente, sin embargo, la profesora Annette Gordon-Reed rescató de los rincones oscuros de la historia a Sally y a toda la población de esclavos de la hacienda Monticello.

Les dio cuerpo y sangre, nombre, personalidad e historia de vida.

Estudios de ADN establecieron con certeza que Jefferson fue el padre de los hijos de la esclava.

Y la destacada investigación planteó un desafío para ciertas concepciones en Estados Unidos que han permanecido inalteradas por 200 años.

¿Por qué tantos estadounidenses siguen resistiéndose a la idea de que Sally tuvo una relación íntima con uno de los padres fundadores de la patria?

“Creo que ello revela las actitudes raciales contemporáneas”, dice Gordon-Reed a la BBC.

“Muchas de ellas son iguales a las del pasado. Jefferson es visto como la encarnación del espíritu estadounidense. Tiene que ver con la noción de autoría de la historia de la república, y en definitiva con la república misma”, agrega la académica.

“Si uno crea algo, se convierte en dueño de eso que ha creado. Y la historia fundacional de este país es la de unos hombres blancos que vinieron con sus ideales y fundaron una nueva nación”.

Democracia Jeffersoniana

La figura de Jefferson está tan identificada con los ideales originales de la república que su nombre se aplica al modelo de país mismo.

Republicanos y demócratas, del Sur o del Norte, blancos, negros, hispanos, inmigrantes recientes o asentados hace generaciones: todos los estadounidenses son hijos de la “democracia Jeffersoniana”.

Es un sistema en el que los ciudadanos son libres de toda interferencia o instrucción de la autoridad. Una democracia con un gobierno pequeño, discreto, casi débil.

El gran rival de este pensador, su contemporáneo Alexander Hamilton, soñó con una democracia diferente, que estaba en tensión dinámica con la imaginada por Jefferson.

Para Hamilton, Estados Unidos necesitaba un gobierno federal fuerte, un ejército preparado, una moneda propia y un banco central.

Jefferson, en cambio, relacionaba todo eso con el imperialismo y la monarquía – europea, pero sobre todo británica- que él despreciaba profundamente.

Su propuesta de país fue concebido como una alternativa a los viejas modelos.

Alexander Hamilton (11 de enero de 1757 - 12 de julio de 1804)

Alexander Hamilton (11 de enero de 1757 - 12 de julio de 1804)

La base del bipartidismo

Jefferson, el hombre de Virginia, el sureño, el defensor de los estados que acumulaban esclavos de a miles, creía en un Estados Unidos de espíritu agrario, donde los productores vivieran libres de las intervenciones del gobierno.

Creía que los estados del Norte y los pensadores como Hamilton se habían dejado seducir por los encantos de la urbanización, la industrialización, el comercio, la banca, las finanzas y la acumulación de dinero.

Michael Lind, de la Fundación New America, cree que aquella brecha que se abrió entre Hamilton y Jefferson hace 200 años todavía opera en la estructura bipartidista del Estados Unidos de hoy.

“Se puede decir que la coalición natural en el poder, desde la elección de Jefferson en 1800, ha sido la de los blancos del Sur con los católicos del noreste y el centro-oeste, aliados contra un enemigo común: los protestantes blancos de Nueva Inglaterra”, dice Lind a la BBC.

No hace falta más que mirar al país de hoy. Su poderoso gobierno central, su descomunal ejército, sus intereses y compromisos en el extranjero, su dólar poderoso.

Estados Unidos es un país Hamiltoniano.

Pero muchos creen que su corazón, entre nostálgico y ambicioso, todavía pertenece a Thomas Jefferson. [Fuente]


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